Las puertas abiertas de Burdeos

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Puerta de Dijeaux en Burdeos./ Silvia Sánchez

Vino de Burdeos. “Una exiquitez”, estaréis pensando, pero Burdeos es mucho más. Elegida como “Mejor destino de Europa 2015”, la ciudad francesa enamora con su fabuloso patrimonio artístico y cultural, pero sobre todo, por sus gentes. Lugareños que abren sus casas al viajero para dormir y comer con ellos. Bienvenidos al Burdeos de los bordeleses.

Sus habitantes prefieren llamarla “Puerto de la Luna”, por la forma de cruasán que presenta el meandro del río Garona, a su paso por la villa. Como pseudónimo literario es bonito pero de momento en el resto del mundo se la conoce como Burdeos, una de las grandes de Francia.

Ubicada en el sudoeste del país galo, esta urbe portuaria y capital de la región de Aquitania,  puede alardear de ser la segunda ciudad de Francia, después de París, con más edificios históricos protegidos por la UNESCO desde 2007. La combinación de estilos arquitectónicos en su casco antiguo, donde predominan los elegantes palacios del siglo XVIII, hace de este un lugar maravilloso para pasear ya que es uno de los centros urbanos con más zonas peatonales de Europa.  Por supuesto, Burdeos es también famosa por sus châteaux donde se elaboran algunos de los más prestigiosos vinos del mundo. Hasta aquí, no hay nada que San Google no pueda responder al viajero. Ahora bien, lo que el turista no podrá sustituir nunca por la tecnología es la experiencia de descubrir nuevos lugares con gente de carne y hueso.

Couchsurfing a la francesa

Desde que en 2004, un grupo de amigos creara una red a través de la cual gente de todo el mundo pudiera hospedarse y acoger a extraños en sus casas, el concepto de alojamiento turístico se ha revolucionado. Burdeos cuenta ya con casi 20.000 usuarios que acogen a viajeros a coste cero.

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Claire y Lilly llevan un año acogiendo couchsurfers./ Silvia Sánchez

“Hay dos formas ideales para conocer bien una ciudad: perdiéndote por sus calles o dejándote llevar por la gente del lugar ya que te transmiten su pasión”, confiesan Claire Pracht y Lilly dos compañeras de piso universitarias que llevan un año en Couchsurfing.

Por su parte, Nadège Ducos, profesora de primaria, comenta que  desde que comenzó a utilizar este método de hospedaje gratuito ya ha recibido a más de  20 personas, con edades comprendidas entre los 3 y los 59 años. Por su casa han pasado viajeros de sitios tan dispares como Francia, Canadá, Hungría, Bélgica o Portugal. “La mayoría de mis couchsurfers -usuarios de Couchsurfing- vienen de vacaciones o de paso”. Por lo general, un anfitrión no está obligado a acompañar a sus huéspedes a conocer la ciudad, sin embargo, todos los couchsurfers  de Burdeos entrevistados confiesan que es la parte que más les gusta de albergar a turistas desconocidos.

Maelle Pannetier, músico profesional, explica cómo disfruta enseñando sus rincones favoritos de Burdeos a sus invitados. “Suelo mostrarles el barrio Saint Pierre, la Plaza de la Bolsa, El Gran Teatro, el Jardín Público y algunos museos”.

A pesar de  no tener casi tiempo para ir a visitar lugares con ellos, Victor Desbrest, estudiante y trabajador en el sector de las energías renovables, comenta que siempre recomienda a sus huéspedes visitar la calle Saint Catherine y su lugar favorito: el muelle del Garona. “Es un sitio muy sociable donde puedes pasearte y hacer picnics con los amigos”. Cuando tiene una noche libre y tiene invitados los lleva siempre consigo para que conozcan la noche de Burdeos por los bares del casco antiguo en compañía de sus amigos.

Desde rusos, hasta taiwaneses, pasando por japoneses y alemanes, Sébastien Jover, informático bordelés, confiesa que siente debilidad por su ciudad y siempre que puede es “un guía para sus couchsurfers”. “Si estoy trabajando les doy un  mapa; pero durante la noche y los fines de semana estoy disponible para ellos  al 100%. Ya tengo un tour habitual con los lugares más importantes de Burdeos y también con pequeños pueblos de los alrededores, como Saint Emilion y La dune du Pyla.”  Si en algo coinciden los entrevistados es en que cuando los viajeros llegan a Burdeos se sienten maravillados y cuando arriba la hora de partir se lamentan. “Muchos siguen escribiéndome y me dicen que, sin duda, es su mejor recuerdo de las vacaciones”, explica sonriente y satisfecho.

A mesa puesta y lugareña

portada vizeat
Social dinning, una nueva forma de conocer un destino por el paladar./ Silvia Sánchez

Si eres de los que creen que lo mejor para conocer la gastronomía de un lugar es sentándote a la mesa en casa de sus habitantes, estás de suerte. El fenómeno del “social dinning” es cada vez más popular entre los bordeleses y aunque por el momento la red que ha lanzado este fenómeno, VizEat, cuenta con 40 familias bordelesas como usarias, la tendencia está en alza. Este es otro signo más del espíritu de buenos anfitriones que tienen los habitantes de la ciudad francesa. La web VizEat, nació el año pasado en Francia.

VizEat es un fenónemo que, tímidamente, va ganando más adeptos en Burdeos. Actualmente, casi 40 familias ofrecen lo mejor de sus cocinas al turista gastronómico.

VizEat es, pues, una comunidad online que pone en contacto a anfitriones que cocinan y viajeros curiosos por la gastronomía local. De esta forma, lugareños y visitantes comparten no sólo comida si no también conversaciones, intercambios culturales y ratos agradables.

Helena Poulant, una de las 40 anfitrionas que hay en Burdeos, recibe entre 3 y 5 comensales al mes. “Yo pongo  un menú, con un primer plato, un segundo y un postre típicos de la región de Aquitania y un precio cerrado: 20 euros”. Por su parte, Marion Brunel, procedente de Quebec relata su experiencia en casa de Poulant: “Es la primera vez que participo en algo así y me ha encantado. Helena nos ha preparado un asado de pavo con ciruelas pasas y foie gras espectacular”. Además describe la experiencia como una buena ocasión para culminar un viaje “con el mejor sabor de boca”

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Miroir d’Eau, el espejo de agua más grande del mundo, en Burdeos./ Silvia Sánchez

El turismo cambia. Se pierde la esencia de antiguos y entrañables hábitos. Se abusa de aplicaciones móviles que no requieren de contacto alguno con personas del destino. Hay viajeros que ni siquiera reparan en el viaje, que se limitan a fotografiar lo más fotografiado, pero también los hay, que buscan en el viaje el sentido de la vida, el intercambio cultural, de igual a igual. Para estos últimos, están dedicados estos dos fenómenos del turismo colaborativo. Las tecnologías, si se usan bien, pueden ser grandes aliadas del viajero más romántico. Del viajero que, ante todo, es un ser social que necesita del contacto con el otro para seguir sintiendo la energía y el sentido de viajar por un mundo en el que, al fin y al cabo, todos estamos conectados.

 

 

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