Pepe, del Tibidabo a la calle Asturias

2015-06-01 04.20.14
Recuerdos de Pepe. Foto: Silvia Sánchez.

“No me interesaban los juguetes. Tenía el Tibidabo para mí solo”. José González, o Pepe de Asturias para los vecinos del barrio barcelonés de Gracia, vive sin techo fijo y vende libros en la calle Asturias de Barcelona.

Llevaba cuatro meses observándolo pero hasta el último día en el que decidí mudarme de esta zona, no me atreví a indagar en su intimidad.

Su padre fue el jardinero del parque de atracciones más emblemático de Barcelona durante más de cuarenta años: el Tibidabo. Su madre murió ante sus ojos, tras meses luchando contra un cáncer fatal. Su hermana, una decepción.

De Telefónica, a harinero, a vendedor de flyers de descuentos de detergente. De España a Luxemburgo. De Luxemburgo a Andalucía. De Andalucía, vuelta a Barcelona.

Llega un momento en la vida de uno en el que se decide, se necesita, se exige, ROMPER CON TODO. Él decidió acabar con cualquier vínculo de su pasado y ahora es y se siente “libre, independiente”, y dueño en mayúsculas de su vida. Nadie le ata. Nadie le manda. Vive la vida que quiere vivir.

Un anhelo: volver a ver a su sobrino F.R.G, de unos 31 años de edad. “Me gustaría volver a verlo, charlar con él, dar un paseo, cenar con él” “Él nunca tuvo culpa de nada”.

No le falta la comida. Muchas son las personas y los establecimientos que le ofrecen aquello con lo que creen que pueden ayudarle.

-Coge unos pastelitos. Son de las navidades pasadas pero están de vicio. -Me invita.

Tras varias horas de conversación con Pepe, me doy cuenta de que es una persona con una larga lista de vivencias y de conocimientos apasionantes. Se puede hablar con él de cualquier cosa. Controla de filosofía, de literatura, de productos farmacéuticos, de medicina, de política. La dictadura de Franco la vivió en Barcelona. Una mujer rica que traía pieles -de cocodrilo y serpiente, entre otras-, le indujo a estudiar catalán en una de las mejores escuelas de Barcelona.

-¡Vaya si me costó aprenderlo! Recuerda con la vista fija en algún lugar de su memoria. Tiene tela ¿eh? ¡En un momento en el que el catalán estaba prohibidísimo! -Se ríe.

Pepe de Asturias necesita un paréntesis. En breves partirá de -la calle- Asturias. Lo necesita.

Si las circunstancias se lo permiten, irá a visitar a un buen amigo que encontró en Luxemburgo y al que conoció con 15 años.

-Me dijo que lo que yo había hecho por él en Luxemburgo, nadie lo había hecho en Barcelona.

Necesita un respiro. Un halo de aire. En unas semanas partirá a Marbella, donde, espera, encontrará a su buen amigo. Es diplomático y tiene cuatro hijos. Pepe recuerda todos sus nombres. Todas sus edades. La procedencia de las parejas de todos estos. Tiene una memoria envidiable.

-Iré al censo de Marbella y buscaré por ahí. -Pepe no tiene teléfono móvil, ni ansía tenerlo. Alardea de no tener ninguna joya en su cuerpo, ni pendientes, ni reloj, ni tatuajes. Se siente orgulloso de “no haber maltratado nunca su cuerpo”.

Los viajes sirven para todos. Da igual las circunstancias en las que te encuentres. De la condición que seas. Los viajes sirven para coger aire. Para tomar perspectiva de tu propia realidad. Para coger carrerilla y tomar de nuevo impulso. Y una vez más, para volver a empezar.

“La vida por delante”, reza el slogan de la bolsa que Pepe me regala para que no me olvide del barrio. Le compro un libro. “Angola, querida Angola”, y una estantería que un vecino le dejó. En la etiqueta oficial el PVP es de 22€. Pepe la vende por 5. Yo no llevo suelto. Él no tiene cambio. Busco entre mis monedas y creo que no suman 3€. Pepe me dice que cierre el puño. Que gire la mano. Que la abra. Él recoge lo poco que llevo y me dice: “Pagado”.

Prometo volver a visitarlo. Ya he probado unas empanadas argentinas riquísimas que hacen cerca de lo que será mi nueva casa. Prometo traerle unas cuantas acompañadas de una buena cerveza. Volveré a visitarlo.

-Hasta la próxima, Pepe. Nos volveremos a ver. Te lo aseguro. Cuídate.

-Yo me cuido mucho. Aunque la gente no lo crea. Y recuerda una cosa: “No hay nada imposible, lo importante es la voluntad de intentarlo”.

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