El antropólogo inocente: el libro más reído

dowayos
Niños dowayos (Camerún) Foto: http://es.globedia.com

El inglés Nigel Barley, doctor en antropología en Oxford, es el autor, narrador y protagonista de la obra El antropólogo inocente. Notas desde una choza de barro. Esta publicación, cuyo original data de 1983, recoge la historia de Barley, quien cuenta en primera persona los más de 18 meses que dedicó a estudiar al pueblo dowayo, una tribu poco conocida del Camerún. Este viajero, que tenía amplia experiencia en el campo teórico de su profesión, decide probar suerte en el trabajo de campo y emprende, sin demasiado entusiasmo inicial, un viaje a Kongle, una zona recóndita de las montañas camerunesas para conocer las costumbres y las creencias de la sociedad dowaya más “primitiva”.

Desde un principio, Barley hace una descripción casi cronológica de lo que va encontrando a su paso: desde las dificultades por la extrema complejidad burocrática para viajar hasta y por dentro de Camerún, hasta el gran mestizaje palpitante de la sociedad y las religiones camerunesas en la que destacan los fulanis, los koma, los dowayos, los negros urbanizados, los musulmanes, los misioneros católicos, los protestantes, los cooperantes blancos…

En la crónica de Barley se aprecia cómo, a pesar de la opacidad con la que se presenta el pueblo dowayo, las dificultades comunicativas por la lengua, por el dinero, los transportes, las numerosas enfermedades a las que sobrevive, la vida tediosa de África, y las infinitas horas de espera, poco a poco va comprendiendo el funcionamiento de sus sistemas culturales, sociales, religiosos y políticos. Todo ello siempre enfocado desde un tono de humor brillante, ironía y autocrítica por lo absurdo de su posición.

Nigel Barley, autor de El antropólogo inocente.  Foto: http://aramaske.com/

En este aspecto, el antropólogo que intenta acercarse a una sociedad que al principio parece no regirse por normas concretas, se postula como un gran referente de la antropología del trabajo de campo, ya que se muestra muy paciente, muy cauteloso y siempre consigue encontrar alguna que otra triquiñuela para hacer frente a las adversidades para cumplir con el cometido de su viaje. Otra de las características que se encuentran en la narración de este viajero es la constante referencia que hace a la sociedad inglesa. Aunque al principio puede parecer que trata los temas desde una posición etnocéntrica, también hace reflexiones para el lector sobre cómo los africanos nos observan también a los blancos con curiosidad y lo que creen ellos de nuestras perspectivas.

A través del contacto con algunos personajes relevantes, Barley va conociendo los sistemas de producción agrícola y ganadera de los dowayos (basados en la producción de mijo, avena, té y reses, principalmente) y, sobre todo, las innumerables ceremonias y rituales en los que la muerte, los espíritus, la lluvia, la brujería, las enfermedades, el sexo, la circuncisión y el adulterio están continuamente presentes.

En cuanto al lenguaje, el autor no llega a ser sensacionalista aunque emplea cierto vocabulario y expresiones que describen con mucho detalle situaciones bastante desagradables. Quizá eso forma parte también del estilo permanentemente irónico y cómico que lo caracteriza.

En cuanto al viajero, se plasma su evolución durante su estudio. Va teniendo la sensación de que avanza poco a poco, va recogiendo datos útiles, va tomando conciencia de su nuevo entorno y regresa a Inglaterra con un criterio distinto al que tenía antes. Pasa la fase de viajero occidental liberal con ideas confusas a sentirse uno más del pueblo dowayo en ocasiones, como cuando siente la victoria occidental sobre la noción del tiempo de los dowayos.

En suma, el viaje sirve a este antropólogo como un vehículo de cambio de sus propias nociones de la cultura y la vida. Intenta esclarecer el significado de la cultura dowaya, aproximándose e integrándose con estos habitantes en su tribu e intenta, aunque no sin dificultades, hacer interpretaciones correctas de cada una de sus prácticas culturales. Finalmente se da cuenta al regresar a casa que ya no es el mismo que cuando se marchó. De hecho, tal y como afirma al final del libro, seis meses más tarde, volvería al país dowayo.

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